martes, 22 de noviembre de 2011

Entrevista a Roberto Huarcaya en Agencia Peru

Roberto Huarcaya (Lima 1959) estudió psicología en la Pontificia Universidad Católica; sin embargo, la gran pasión de su vida es y será el cine. La imagen siempre le interesó. Por eso, participó en algunos talleres sobre este tema en Perú hasta que partió a Madrid, donde estudió fotografía. Desde entonces ha participado en muchas exposiciones y bienales. Actualmente es director del Centro Fotográfico “El Ojo Ajeno”.
En esta oportunidad conversamos sobre su trabajo.

Entrevista Roxana Chirinos / Agencia Peru.com


Sección Cultural 2006.





¿Cómo nace el interés por la fotografía?
Nace como algo casual. Inicialmente me interesó más el cine. Estudié un año en el taller de Robles Godoy, en el Instituto Italiano de Cultura. Como no podía hacer cine porque en paralelo estaba estudiando psicología, ingresé a un taller de fotografía. La intención era seguir formándome en lo visual. Mi idea era aplicar lo estudiado en el cine. Es en el taller de la Araña, con Eduardo Gonzáles, que de alguna forma se me abrió el universo fotográfico en sí. A partir de allí me engancho. Un año después cierro el consultorio y me voy a Madrid, a estudiar fotografía.

¿Es doloroso tu proceso creativo?
Es una mezcla. Para mí es como un parto. Donde hay algo maravilloso que va creciendo contigo. Vas disfrutando el proceso. Ves cómo va adquiriendo cuerpo y consistencia, cómo va madurando y comienza a independizarse de uno, hasta que nace, es decir las expones… y te expones. Ahí me entra una especie de depresión post parto. Ya no me pertenece.

Hablando de tu trabajo. Cómo llegas a esa fuerte comunicación ¿planificas cada paso?
Tengo dos líneas de trabajo bien diferenciadas. Una, parte de un concepto. Es necesario un periodo de investigación: lecturas, textos, cosas paralelas trabajadas en otros medios. Es casi un bosquejo de la estructura de la propuesta. Después, hacer fotografía es concretar lo ya visualizado casi al cien por ciento. Esta es una forma de construir imagen. La otra es más espontánea. Las imágenes surgen más intuitivamente. Le doy un valor y libertad a esta intuición para que siga construyendo. No tomo mucha conciencia ni reflexiono mucho. Va creciendo por un periodo relativamente largo: un año, seis meses. Llega el momento. Lo asumo, lo analizo y trato de ordenarlo. Siempre al final encuentro que es una especie de anticipo del inconsciente que construye algo anticipándose a mi “Roberto conciente”. Como si hubiera dos formas de construir, y en ambas me siento cómodo. Se dan la mano y se nutren nuevamente.

Unos de los valores que tiene la fotografía es rescatar el instante. ¿Prescindes de eso?
En los términos en que está concebido por Cartier Breson, prescindo totalmente. No creo en el momento preciso, respeto la gente que trabaja eso, pero mi posición es claramente utilizar la cámara de una manera subjetiva. La imagen como ficción. Siempre. Mi forma se centra más en construir que en buscar. Construyo situaciones donde se me facilite cosas que me interesen. De repente ahí sí busco momentos. La diferencia es que parten de un manejo de control sobre la escena. Imágenes construidas como si fueran pintura.

Entonces, haces la literatura de tus fotos, creas historia…
Claro. Mis trabajos forman un grupo de imágenes. No hay imágenes sueltas con sentido unitario. Son estructuras que están enganchadas entre sí. El conjunto es el que le da sentido a la obra. La idea es que sea un cuerpo de trabajo. De un grupo mínimo de imágenes.

En los paneles de luz se nota un trabajo más complejo.
La composición se acerca más a una descripción, como por ejemplo pictórico o de narrativa literaria, en donde hay una historia al interior de cada macro escena. En fotografía sería muy difícil en términos analógicos construirla. En esa línea de trabajo planteo irme al fragmento, a unidades mucho menores que las asumo como parte de un todo. Son como un texto narrativo en donde se va asociando las partes. Estas se van haciendo cada vez más complejas y más complejas.

¿Prefieres la foto en blanco y negro o a color?
Creo que cada propuesta requiere su tono. A veces se potencia el trabajo en blanco y negro; otras el color. Depende. En mis trabajos más clásicos me interesa el registro en blanco y negro. Se concentra sobre el sujeto y no sobre la iconografía. En los trabajos más experimentales, el color se convierte en parte esencial de la propuesta. En término de experimentación para jugar. Hay algunos que crecen y se refuerzan con un tipo de trabajo y otros con el otro.


En tus fotos se nota rasgos de psicología.
Me formo como psicoterapeuta por un interés previo. Obviamente mi formación genera una lectura sesgada por ella misma. Tanto en términos temáticos como formales, aplico algunas teorías de la psicología que manejo y que son parte de mi formación. Me da parámetros y creencias con las cuales construyo.


La naturaleza y el paisaje no están entre tus preferidos
Me interesan las ciudades. No me iría a descansar a una playa. Prefiero las ciudades movidas donde haya cultura y gente

El tema de la muerte, las figuras fetales ¿están asociadas a algo?
Están asociadas a un temor. Al cambio constante, al proceso. Son fantasías mías, relacionadas en general al tiempo y en particular al tiempo sobre el ser humano. No miro la vejez como un deterioro y fin. Son los cambios constantes que generan cualquier cosa viva lo que me interesa. El envejecimiento, en términos de lectura no significa pena: me parece hermosa. Es una especie de toma de conciencia: rescatar o respetar lo viejo. Ya estamos más viejos que cuando empezamos la entrevista. En términos de la cultura occidental se rechaza mucho la muerte. Se la ve como fin absoluto. No lo vivo ni lo siento así. Estas transformaciones las interpreto de peso. Interesantes y sobre todo “disfrutables”. Placentero también.

¿Existe alguna relación de las fotografías sobre la muerte con las momias peruanas?
Definitivamente sí. Tanto físicamente y visualmente. Pero de ahí no he partido. Es otra la idea. Sobre las fotos de los carros hay personas que hacen la misma asociación. Me dicen que algunas se parecen a la apertura de un fardo. Probablemente a la hora de mi trabajo tenga teorías culturales peruanas que emergen. No creo que sean casuales. Tiene que ver también con la conservación del cuerpo y algún tipo de ritual con la muerte. Entonces en general sí tiene que ver un poco. Pero no puntualmente. En todo caso no hay una referencia directa.



¿Cómo ves la fotografía en el Perú?
La veo fortísima. Nuevas visiones y panoramas surgen de novedosos fotógrafos: La Rosa, Billi Hare, Javier Silva, Mariella Agois comienzan a sonar en términos de gente que tiene interés por la fotografía. En los Ochenta en la Universidad de Lima se da el primer Coloquio de Fotografía Peruana, donde un grupo de mi generación (Juan Enrique Bedoya, Flavia Gandolfo, Milagros de la Torre, Salcedo, Antonio Ramos, Luz maría Bedoya) nos conocemos. Es una especie de segunda ola, con una visión distinta al modernismo más tradicional del grupo anterior, donde resumen la fotografía como una herramienta sencillamente de ficción. La nuestra es exactamente más abstracta. Con intenciones globalizadas. Ahora hay un tercer o cuarto grupo de generaciones de jóvenes con mucha vitalidad y fuerza.

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