martes, 27 de marzo de 2012

El incidente / Fotografía Peatonal en Lima



Un suceso que de manera inesperada altera el curso de algo. Es lo que el Diccionario de la Real Academia de Española define como "incidente". Lo que sale de la cotidianidad.

La gente caminaba por las calles del Centro de Lima y de un pronto, aparecían fotógrafos, que, sin pedir permiso, reventaban el flash, tomaban imágenes del transeúnte y con una libreta se acercaban luego para anotar la dirección y dejar la foto al día siguiente.

Muchos testimonios de este tipo ha recogido Daniel Contreras, curador de la muestra El incidente. Fotografía peatonal, Lima 1940-1960, que se exhibe en el primer piso de la Casa O'Higgins, en el Centro de Lima.

"El incidente es un homenaje a la fotografía anónima de los años cuarenta, cincuenta, sesenta", explica Contreras, quien escaneó del olvido, digamos, las imágenes de la muestra. Lo que vemos en exhibición en la Casa O'Higgins es la orilla de dos años de buceos y caminatas, de buscar en más de 200 álbumes de amigos y lo que halló tras recorrer el circuito de la venta de segunda mano: La Cachina, Tacora, el campo ferial Amazonas, donde se depositan "tajadas de la historia limeña". "Las unes y ya tienes un cuento de época."

Los fotógrafos anónimos o incidentales no eran fortuitos. Aparecieron como una necesidad de las casas fotográficas que los necesitan para sobrevivir con balón de oxígeno: en su mayoría, los estudios empezaron a cerrar sus puertas en la década del treinta –el estudio Courret Hermanos dijo adiós en 1935–, y después se agravó con la II Guerra Mundial. En el caso peruano, en los cuarenta también termina la belle époque y "la ilusión de un país prometedor".

Entonces los estudios envían a los fotógrafos con sus cámaras a dar vueltas por el Centro de Lima y "cazar" imágenes. Solo podían volver con el rollo acabado, era su misión. (Cuenta Contreras que un sistema, digamos, distinto tuvieron en ciudad de México o Bogotá: en estas ciudades, los fotógrafos tenían una calle, un espacio determinado, no deambulaban como aquí).

La presencia de estos fotógrafos decaerá en la década del sesenta a la llegada de las cámaras fotográficas instantáneas, que aparecieron con publicidades con eslóganes como "Lindas fotos tomadas por usted".





El incidente es "el último eco" de una Lima que desapareció hace pocas décadas; una urbe casi virgen de migraciones; entonces, menos caótica y mas cucufata; que estaba aprendiendo sobre la liberación femenina y seguía hambrienta de fe y de las promesas como el "huachito" de lotería. "Sin buscarlo, estos fotógrafos armaron un registro de la ciudad", explica el curador, quien editará en noviembre un libro sobre la muestra.

La exposición tiene como punto de partida una urna, en la primera de las salas, repleta de álbumes familiares despanzurrados por el tiempo, por la desidia, por los recicladores que venden "al peso esta memoria", estas fotos.

"Parte del mensaje de la muestra es no tire sus viejas fotos que son parte de la identidad de su familia", dice Contreras, a quien le interesa explorar estos otros universos de la cultura popular limeña: el fetichismo por los muertos, la fotonovela, el cachascán, verbigracia. Hoy nos invita a refrescar la memoria visual de Lima.

El incidente. Fotografía peatonal. Lima, 1940-1960 
forma parte de la Primera Bienal de Fotografía de Lima.

Va hasta el 24 de junio en la Casa O'Higgins (Jirón de la Unión 554, Lima). Ingreso libre.

2 comentarios:

DC dijo...

Memoria Visual de Lima

El caminante dijo...

Los abuelitos de la StritFhoto lorcha