A comienzos del siglo XX, gracias al desarrollo de la tecnología fotográfica y al uso cada vez más generalizado de a electricidad, se abrió la posibilidad de tomar fotografías nocturnas. Los fotógrafos, entusiasmados por esta vedad, e intuyendo que las nuevas formas de iluminación pública harían desaparecer pronto y para siempre el mundo nocturno que habían conocido, se apresuraron a registrar los rincones más pintorescos de sus ciudades. Siguiendo la huella de los pintores impresionistas, empezaron a concentrarse en la luz y tomaron fotografías al amanecer, durante el crepúsculo y por la noche. Con frecuencia las imágenes resultantes llevaron los títulos de “efectos de luz" o "contraluces".Texto completo de Adelma Benavente y Peter Yenne Acá.